Tolerancia a frustración: Una habilidad para enfrentar situaciones difíciles en el trabajo

Existen diferentes situaciones que generan frustración en los seres humanos y en el ámbito laboral, es muy común que los colaboradores la experimenten ante las demandas de sus compañeros, jefes y encargados, o por sus propias expectativas.

De acuerdo con algunos investigadores como Kamenetzky (2009), del laboratorio de psicología experimental aplicada de la Universidad de Buenos Aires, la frustración es “un estado emocional que se desencadena ante acontecimientos que involucran la reducción o supresión inesperada de reforzadores apetitivos”. Es decir la frustración se desarrolla cuando el sujeto no es capaz satisfacer sus deseos personales.

Los seres humanos se enfrentan a situaciones de frustración desde que son niños, ya que requieren satisfacer sus necesidades fisiológicas básicas, como lo son los tiempos alimentación, el aseo personal, los horarios de sueño, entre otros. En estas edades es fundamental poder satisfacer dichos aspectos de forma inmediata, ya que son la base para generar seguridad y estabilidad emocional en las personas.

Sin embargo, los sujetos se siguen desarrollando y en el camino descubren que no todos sus deseos o necesidades pueden ser atendidas de igual manera, ni de forma inmediata. Por lo que comprenden que existen tiempos de espera o circunstancias que no permiten la satisfacción de los mismos; es en ese momento donde se desarrolla la capacidad de tolerar situaciones de frustración.

Ligado a esta habilidad, algunas personas desarrollan autonomía en sus acciones al ver que otros no les pueden solucionar sus problemas o facilitar el cumplimiento de sus deseos, por lo que generan estrategias para lograr sus objetivos por sí solos.

Sin embargo, otras no son capaces de tolerar molestias, exigencias, contratiempos, entre otras situaciones, ya que éstos son percibidos como obstáculos para satisfacer sus deseos por alcanzar un objetivo o meta laboral.

Ante esta respuesta, el psicólogo cognitivo Albert Ellis manifesta que hay personas que desean firmemente algo, lo sienten de forma apropiada y se molestan si sus deseos no quedan satisfechos, pero también hay personas que exigen, insisten u ordenan dogmáticamente que sus deseos se satisfagan, por lo que se ponen exageradamente angustiadas, deprimidas u hostiles cuando no quedan satisfechas.

De esta manera, aquellas personas con baja tolerancia a la frustración mantienen una tendencia por maximizar los eventos que no resultan agradables. Por ejemplo si un jefe les brinda una retroalimentación constructiva sobre su desempeño, es comúnmente asumido como una amenaza y no les es posible visualizar oportunidades de mejora para sí mismos.

Al existir este énfasis en los puntos negativos, aquellas situaciones que son “malas”, se convierten en algo extremadamente malo, generando un constante estado de estrés e inconformidad con su desempeño. Es así como el discurso de estas personas está lleno de tragedias y acontecimientos estresantes y es común que su estado de ánimo esté por el suelo, tengan mal humor y presenten mucha ansiedad durante su jornada laboral.

¿Cómo enfrentarla?

Existen diferentes vías para aumentar el grado de tolerancia a la frustración, generando estabilidad emocional y aumentando el grado de satisfacción, sin embargo se debe tener en cuenta que este es un proceso que cada colaborador debe desarrollar y concientizar por sí mismo.

Precisamente ese es el primer paso, estar consciente de la baja tolerancia a la frustración que se tiene; este reconocimiento favorece la identificación de situaciones detonantes y las reacciones que se tiene ante ellas.

Por otro lado, es importante diferenciar entre los deseos y las necesidades, para poder tener claridad entre aquello que es realmente importante y lo que no, de manera tal que si la norma es reaccionar con intensidad ante las situaciones frustrantes, se está reaccionando en función de necesidades orgánicas, aquellas que requieren ser atendidas de inmediato, lo cual es erróneo pues las verdaderas necesidades son por ejemplo dormir, comer o respirar.

Las técnicas de relajación constituyen una herramienta fundamental para el manejo adecuado de la frustración, por lo que se recomienda que una vez detectado algún detonante, se tomen al menos 5 minutos para realizar la técnica con la que mejor se sienta.

Resulta vital que ante una situación de frustración se pida ayuda, ya que las emociones del momento no permiten tener claridad en la ejecución de las ideas y por ende existen altas probabilidades de fracasar.

También es importante reconocer el trabajo de estas personas, dando retroalimentaciones, de manera tal que se refuercen sus potencialidades, habilidades y esfuerzo para alcanzar las metas. Esto generará confianza, seguridad y aumentará sin lugar a dudas su tolerancia a la frustración.

Por último, se debe evitar hacer comparaciones entre las capacidades, metas o tiempos de otros colaboradores, pues esto puede retroceder todo el trabajo previo que se ha realizado para mejorar esta habilidad.

Es fundamental trabajar con estas personas desde sus potencialidades y no desde sus debilidades, reconocer su esfuerzo diario y generar pequeñas acciones de apoyo que contribuyan a fortalecer su seguridad, autonomía y autoestima.