Proactividad: Una conducta entrenable

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Como se mencionó en el artículo anterior, cualquier empresa, institución o grupo de personas con una tarea en común influye y es influido por el entorno en el que se desarrolla. En la cotidianidad del contexto laboral se presentan distintas y muy variadas tareas y demandas, las cuales son resultado de este proceso constante de interacción.

Ante los constantes cambios y retos en el trabajo, las personas pueden tener diferentes reacciones, dependiendo de la actitud que suman para enfrentarlos, lo que según Antonio Ares Parra (2004), doctor en Psicología y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, se deriva de tres tipos de conducta muy comunes.

Ares plantea la existencia de conductas pasivas, reactivas y proactivas. La conducta pasiva se puede  considerar como insana o inadecuada, en tanto la persona no considera el contexto y se mantiene como una constante. La conducta reactiva, como lo sugiere su nombre, es la reacción a un hecho. Esta conducta no se considera inadecuada, pero si insuficiente puesto que la persona reacciona con base en lo que funcionó en el pasado, sin analizar el presente ni el futuro.

La conducta proactiva puede considerarse como la indicada para enfrentarse a un contexto siempre cambiante y dinámico, y que en el que se quiere potenciar la innovación y la colaboración. Una persona con este tipo de actitud capta los distintos matices y posibilidades de las situaciones, interactúa con otros y se compromete a la acción. Se caracteriza por un pensamiento estratégico que permite experimentar situaciones novedosas y orientar la innovación hacia el futuro.

La conducta proactiva no es una característica intrínseca de las personas, sino algo que puede ser tanto enseñado como aprendido. Esta es una manifestación del pensamiento de la persona, el lenguaje que utiliza y de su manera de reaccionar emocionalmente. Es por esto que para su desarrollo se proponen tres aspectos específicos a trabajar:

Pensamiento estratégico

El pensamiento proactivo debe tomar en cuenta los distintos matices de la realidad, sus indicadores y estímulos, de manera que le permita evaluar las distintas posibilidades y tomar las mejores decisiones posibles para cada situación.  Este tipo de pensamiento requiere compromiso hacia las decisiones que se toman y el saber que si bien el ambiente condiciona a las personas y sus decisiones, no los define.

Por ejemplo, si un colaborador exhibe un bajo desempeño, no se debe tomar de manera inmediata la asunción de que este es un mal empleado, sino considerar los diversos factores que pueden estar incidiendo en el hecho, tanto propios de la institución, como externos a esta y las distintas formas en que estas se podrían abordar. Siempre manteniendo una perspectiva abierta, buscando un entendimiento integral de la situación y las diversas alternativas y soluciones.

Lenguaje proactivo

El lenguaje proactivo es el medio de expresión del pensamiento estratégico, esto tomando en cuenta que el lenguaje es la capacidad del ser humano para expresar sus pensamientos por medio de distintos signos. Este tipo de lenguaje se utiliza en función de la búsqueda de nuevas posibilidades, el procurar nuevos enfoques, asumiendo las propias limitaciones y los distintos puntos de vista. Es  necesario expresar correctamente el pensamiento estratégico por medio del lenguaje proactivo, puesto que el lenguaje es constructor de la realidad deseada.

Emociones autenticas

Desde la teoría del análisis transaccional se proponen cinco emociones básicas: rabia, tristeza, miedo, alegría y afecto. Las emociones auténticas son aquellas que se dan con una intensidad, brevedad y en el contexto adecuados. Desde la visión proactiva se debe buscar reforzar las emociones auténticas que se relacionen con los aspectos  lúdicos y afectivos, los cuales tienen injerencia en los procesos de sociabilidad, trabajo grupal y facilitan los procesos de aprendizaje.

La conducta proactiva es transformadora de la realidad, se basa en la toma de consciencia de las propias capacidades y en la toma de acción frente a las distintas posibilidades. El entrenamiento de esta conducta puede potenciar la adaptabilidad y capacidad de acción en el entorno cotidiano.