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De la competencia a la cooperación: una transformación de los esquemas de trabajo

Ser competitivos ha sido durante muchos años la máxima en la vida de los seres humanos, se dice que aquellos que siempre llegan primero son los que encabezan las listas del éxito. Existen múltiples formas y mensajes que invitan a las personas a que compitan con otros, donde su eficiencia para realizar diversas tareas, determinan si la persona es o no competente.

Pero ¿alguna vez nos hemos cuestionado para qué competir? ¿Cuál es el fin último de la competencia? Los cierto del caso es que los entornos políticos, económicos, y también laborales se han regido bajo este esquema de pensamiento y acción, en el cual siempre habrá ganadores y perdedores. Esta forma de dirigir la vida personal y laboral, lleva intrínsecamente a un estado constante de confrontación entre ambos grupos.

Sin embargo, actualmente las organizaciones han dado un giro a esta forma de trabajar centrada en la rivalidad, y apuestan por un modelo basado en la cooperación y colaboración. Es decir, se deja atrás el trabajo individual y se fomenta el trabajo en equipo para alcanzar objetivos; por lo que el resultado final se desprende de la interacción entre varios colaboradores y no de acciones individuales.

Uno de los puntos fundamentales del modelo de trabajo colaborativo, es el reconocimiento de las habilidades, destrezas y capacidades individuales de cada miembro del equipo. Estas, al ser conjugadas en un proyecto o tarea asignada, generan mejores resultados, lo cual es crucial porque los equipos de trabajo son el mejor escenario para desarrollar las capacidades individuales.

Aunado a lo anterior, no se puede perder de vista que los grupos surgen a partir de un determinado contexto y que responden a una o varias necesidades de la organización, por lo que va a demandar que cada miembro del grupo se esfuerce por compartir y ampliar sus conocimientos, así como poner al servicio del los otros sus habilidades y destrezas, lo que permitirá descubrir otras durante el proceso.

Ahora bien, resulta fundamental diferenciar entre el modelo de competencia que propicia escenarios de confrontación y el modelo basado en competencias mencionado en anteriores artículos, debido a que el trabajo en equipo es una de las competencias participativas fundamentales dentro de las organizaciones, pues es el origen de proyectos innovadores y propicia el desarrollo de otras competencias, como lo son la comunicación, planificación estratégica, organización del tiempo y entre otras.

Uno de los puntos medulares del esquema basado en la cooperación, es que visualiza al colaborador, al departamento y a la organización como un todo, esta unidad tiende a ser dinámica, cambiante, flexible y con la capacidad de adaptación en los diferentes niveles que la componen.

De esta manera, el trabajo se asume como un proceso donde el resultado final es mucho más que la suma de cada una de las múltiples acciones. Esta visión permite que los procesos no sean estáticos, sino se mantengan en constante mejora, gracias a los aportes que los miembros del grupo brindan.

Dentro de las habilidades que desarrolla un equipo de trabajo que se rige por el esquema cooperativo o colaborativo se encuentran:

  • Definición clara de objetivos a alcanzar.
  • Asignación de tareas de acuerdo a las competencias y destrezas de cada miembro del equipo.
  • Coordinación y planificación de los tiempos de entrega.
  • Intercambio de información.
  • Retroalimentación constante.

El desarrollo de los puntos anteriores permite el fortalecimiento de habilidades, el fortalecimiento de las relaciones interpersonales, una fácil adaptación al cambio y un adecuado manejo de los conflictos organizacionales.

Poner en práctica este sistema de trabajo a pequeña escala, empezando por su implementación en cada departamento y luego trasladarlo a nivel general en la organización, permitirá en un mediano plazo que varias instituciones logren comunicarse de una manera efectiva y desarrollar proyectos en conjunto.

El trabajo cooperativo promueve la creación de alianzas entre instituciones afines y esto les da la posibilidad de superar muchas de las limitaciones que en ocasiones no permiten desarrollar proyectos importantes, por tanto, todos los involucrados en un proceso de esta índole deben estar conscientes del esfuerzo, recursos y habilidades técnicas y blandas que se requieren para que exista sinergia y el proceso sea exitoso.

De este modo, en la creación de alianzas institucionales resulta fundamental:

  • Mantener las buenas relaciones entre las organizaciones involucradas.
  • Claridad en los objetivos que cada organización quiere alcanzar y fusionarlos de manera tal que se contemplen los intereses de todas las partes.
  • Organizar y planificar las actividades de manera equitativa.
  • Coordinar la gestión y administración de los recursos necesarios.
  • Prever posibles obstáculos y tener planes para afrontarlos de forma adecuada.

El objetivo primordial del trabajo cooperativo es fomentar en la organización procesos de sinergia e innovación, donde cada uno de los colaboradores pueda aportar desde su lugar, sus capacidades para su desarrollo personal, del departamento al que pertenece y de la organización como tal.

Para ampliar este tema puede consultar el siguiente enlace donde, Herman Van de Velde, expone el modelo de cooperación como una parte esencial del ser humano y cómo aplicarlo al sector educación.