El arte de mentorar en el aula

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Por Isabel Gamboa Barboza*

En el extenso poema La Odisea, Homero cuenta que Telémaco fue encomendado a Méntor, como responsable de su educación. Igual que con Virgilio -el dulce maestro de Dante- en La Divina Comedia, dicha educación consistió, sobre todo, en una relación mediante la cual se inspiraron ciertas habilidades que facilitaron el ejercicio de una tarea, pero sobre todo de una vida.

Como Méntor, quienes nos dedicamos a la docencia podemos trascender la enseñanza de un tema para facilitar el aprendizaje de algunas habilidades -llamadas blandas– que ayudarán a las personas estudiantes en el desempeño profesional, pero también en las relaciones con sus semejantes. Algunas de esas habilidades son la tolerancia a la frustración, las normas de cortesía, y la presencia escénica.

Intolerancia a la frustración. Recientemente, una estudiante se sentó de espaldas a mí durante el resto de la clase, como gesto de molestia por algunas observaciones que hice al trabajo que su grupo acababa de presentar. Esta es una buena ilustración de las dificultades que enfrentamos cuando las cosas no salen como deseamos: nos enojamos ante una nota inferior a la esperada, nos duele recibir críticas, nos ofusca trabajar en equipo y nos tomamos lo que no nos gusta como una afrenta personal.

La descortesía. A mediados del semestre pasado, un estudiante me escribió el siguiente correo: “Prof, para cuándo hay que entregar el trabajo individual? No omito pedirle que me conteste a la brevedad”. Además del tono inadecuado, su correo no incluía las frases convencionales de urbanidad que disponen a saludar, decir por favor y agradecer. La descortesía se advierte también cuando escribimos todo en mayúscula, no respondemos los correos o mensajes de texto, no devolvemos las llamadas, desatendemos a quien nos habla, llegamos tarde a una reunión, o entramos a una clase sin saludar.

Presencia invisible en el escenario. El año anterior, un estudiante de posgrado habló durante 15 minutos mientras sus colegas se entretenían revisando su celular, el Facebook y conversando entre sí: su voz era tan baja y monótona y su cuerpo permaneció tan quieto, que nadie se interesó por su representación. Así ocurre, si exponemos un trabajo con el cuerpo encorvado, sin mirar a cada oyente, o moviendo constante un pie, el logro de nuestro trabajo se verá comprometido.

Frente a estas manifestaciones suelo reaccionar con acciones que deseo compartir con ustedes, pues han resultado exitosas. Una de ellas es abrir un espacio, cuando se entregan las calificaciones. En este espacio se debería razonar con el grupo sobre las expectativas de recibir siempre una calificación de nota máxima, la imposibilidad de tener todo el tiempo la razón y la oportunidad de aprendizaje que nos ofrecen las críticas.

También, es recomendable llevar a clases ejemplos concretos, tomados de comunicaciones por correo electrónico con estudiantes de otros cursos, para que el grupo evalúe las normas de cortesía que están presentes o ausentes en ellas.

De igual modo, se puede pedir a una persona voluntaria que pase al frente a hablar durante un minuto, de un tema en particular, y que luego analice sus fortalezas y debilidades escénicas.

Asimismo, cuando se realizan las presentaciones públicas grupales, se puede aprovechar la oportunidad para promover la reflexión autocrítica sobre cómo mejorar la cortesía, las reacciones a alguna eventual grosería o pregunta incómoda, el lenguaje corporal y la comunicación oral.

Al acompañar a cada estudiante en estas dimensiones, es probable que concluyan el curso como personas más inteligentes, pero también más corteses, empáticas y comunicativas.

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Isabel Gamboa Barboza es autora de investigaciones y artículos científicos en los campos de la pobreza, la sexualidad, la salud y la enfermedad, y los estudios feministas. Entre sus publicaciones destacan los libros: “En el Hospital Psiquiátrico: el sexo como lo cura” y “Veinticinco cuentos perversos”. Investigadora del CIEM y docente en la Escuela de Estudios Generales, UCR.

Contacto: MARIA.GAMBOABARBOZA@ucr.ac.cr