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Coaching: formando líderes dinámicos y flexibles

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En artículos anteriores se abordó el coaching, como un proceso mediante la cual se potencian las habilidades de los colaboradores y equipos dentro de la organización, a través de la facilitación de técnicas, el refinamiento de herramientas propias, el establecimiento de metodologías y el planteamiento de objetivos conjuntos del colaborador y la organización.

En el desarrollo de los procesos de coaching también son esenciales los contextos. Las acciones se deben de adaptar al contexto en el que se aplican, de lo contrario serían descontextualizadas y alejadas de la perspectiva orientada a resultados de esta clase de procesos.

Al basar sus acciones en el contexto de la empresa, el coaching constituye una herramienta fundamental para la formación de líderes dentro de la organización. Esto debido a que uno de los requerimientos del liderazgo es el conocimiento de las condiciones organizacionales, tanto a lo externo como a lo interno, esto con el objetivo de evaluar las distintas posibilidades de acción y todos escenarios viables.

Los procesos formales de coaching pueden facilitar que el directivo adquiera un mayor grado de autoconciencia y asuma un rol más flexible, siendo más autoritario, o por el contrario, delegando más. Esto dependerá de las distintas situaciones y circunstancias, al margen de sus propios rasgos, de sus gustos y de sus preferencias (Jericó, 2002)

Otro aporte fundamental del proceso de coaching es que la persona que ejerce el liderazgo con los conocimientos adquiridos, puede asumir un rol muy próximo al del profesional del coaching o coach, dirigiendo a sus colaboradores bajo los principios y prácticas del mismo, ayudando a estos a alcanzar sus capacidades y mejorar sus métodos de trabajo.

A continuación, se plantean cuatro elementos clave que se deben priorizar durante los procesos de coaching con las personas en posiciones de liderazgo, para influir de manera positiva en sus subalternos:

  • Orientación a resultados: el coaching es un proceso estructurado que busca objetivos específicos. El abordar este punto ayudará a mejorar la capacidad de trabajar orientado hacia el cumplimiento de objetivos en la persona que ejerce el liderato, el cual a su vez podrá fomentarlo en sus subalternos.
  • Motivación al cambio: se debe potenciar en el líder la modificación de hábitos, superación de creencias limitantes y la gestión de emociones negativas. En este caso el líder debe tomar en cuenta no solo el entorno y las particularidades de los colaboradores, sino también experiencias pasadas de cambio, tanto positivas como negativas.
  • Características personales y capacidad personal: así como el coach se da a la tarea de identificar las características personales del líder, sus puntos débiles y fuertes y las estrategias y metodologías de trabajo correspondientes para mejorar el desempeño, el líder debe aprender a aplicar el mismo principio con sus colaboradores.
  • Habilidades interpersonales: un coaching para una persona en posición de liderazgo debe abordar las habilidades suaves, el análisis transaccional, la asertividad, las habilidades de percepción, comunicación y métodos de interacción del líder con los demás. Esto se debe a que la persona que posee una posición de liderato debe interaccionar con personas tanto a lo interno como a lo externo de la organización.

Si desea ahondar más sobre la relación entre liderazgo y coaching se le invita a ingresar al siguiente enlace.