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Autocontrol: Fortaleciendo el dominio personal

Las acciones del ser humano están motivadas por múltiples variables, algunas extrínsecas ˗que responden a estímulos que vienen fuera de la persona- y otras intrínsecas -que más bien vienen del interior de la persona-. Aprender a responder conscientemente, tener dominio sobre los impulsos internos y tomar una posición concreta sobre los estímulos externos es lo que se conoce como autocontrol.

Esta capacidad de tener control sobre la forma en la que se actúa es una habilidad blanda, se aprende desde la primera infancia, comenzando por la manera en que los padres responden al llanto del niño y pasando por la forma en la que se han interiorizado todas las normas externas a lo largo de la vida.

Es importante tener claro en primer lugar, cuando se plantea el término autocontrol ¿De qué se tiene control? Para esto hay que comprender cuál es la estructura humana. El cerebro cuenta con múltiples áreas que influyen de forma entrelazada en la conducta, es importante conocer las tres más significativas. En orden de evolución, la primera de ellas es lo que los científicos han llamado el “cerebro reptiliano”, este es el responsable de las acciones más primitivas, involuntarias, de la respuesta humana, entre ellas el hambre, la supervivencia, la respiración, el control hormonal, la reproducción, la temperatura, la huída, entre otras. En segundo lugar se encuentra el área límbica, encargada de las emociones y recuerdos (se puede conocer más de la respuesta emocional en nuestro blog de la semana pasada, y por último el neocórtex que realiza el proceso racional, controla las emociones y permite la conciencia de sí mismo, por tanto es el protagonista en el autocontrol.

Todo este proceso cerebral esta interconectado a nivel neuronal y bioquímico, y frente a una situación concreta todas las áreas se activan de distinta forma e inciden en la respuesta. Sin embargo, el neocórtex es el que determina la forma en la que estas se entrelazan, por tanto hay una acción consciente y racional que regula la respuesta primitiva y la emocional. Por ejemplo, ante una situación que genera miedo, se puede salir corriendo o evaluar la amenaza y tener una respuesta más racional, es ahí donde se puede trabajar en el autocontrol.

Como en las habilidades que abordados anteriormente, para trabajar el autocontrol es necesario observar las formas en la que se responde, esto ayudará a que la respuesta se automatice; sugerimos una tarea en la que durante al menos dos semanas, se observe la respuesta en diferentes contextos -hogar, trabajo, estudio, con la pareja, con los hijos, entre otros- y se realicen cinco preguntas:

  1. ¿Qué sucedió? ¿Cuáles fueron los hechos? Sin realizar interpretaciones
  2. ¿Cuáles fueron mis ideas o pensamientos con respecto a lo que sucedió?
  3. ¿Qué sentí en ese momento?
  4. ¿Qué hice? ¿Cómo respondí?
  5. ¿Qué sucedió después? ¿Cuáles fueron las consecuencias de mi respuesta?

Encontrar las motivaciones que mueven la respuesta es también importante para verificar cuándo es que hay mayor dificultad de tener control sobre sí mismo, por tanto esto permite ir al fondo de lo que mueve a posicionarse de una forma u otra. A su vez esto colabora con reconocer en cuáles situaciones se pierde más fácilmente el control, por lo que se podría buscar estrategias para alejarse de ellas mientras se fortalece la capacidad de autocontrol o se encuentran puntos de regulación; como retirarse del espacio, escuchar música, escribir, pensar en algún recuerdo agradable o algún otro que favorezca a la autoregulación.

Por último, es importante reflexionar sobre cuáles son lo beneficios de tener una respuesta regulada en los diferentes contextos. Es necesario el reconocimiento de un bien mayor que motive de forma intrínseca a la persona, pero también se deben pensar en situaciones externas; como conservar un trabajo, mejorar las relaciones con las personas que están alrededor, evitar un conflicto, obtener un beneficio, entre otros.